A veces ocurre que en circunstancias en las que anteriormente nos habíamos desenvuelto sin dificultad, o nos habíamos sentido en calma, de pronto nos sentimos incapaces de conducirnos de manera adecuada o de permanecer sin tener sensaciones que nos llevan a evitar esas situaciones. Queremos huir, o sentimos miedo a perder el control. Nos mareamos. Nos invaden fuertes sensaciones o ideas…
Probablemente hemos llegado a un punto en que necesitamos encontrar respuestas, nuevas maneras de afrontar o darnos cuenta de cómo nos sucede esto. ¿Qué ha ocurrido? No hay una respuesta única para estas situaciones, cada uno llegamos a ellas por un recorrido propio.
A menudo ayuda compartir estas vicisitudes con personas de confianza, ir expresando lo que vamos sintiendo en esas situaciones y darnos cuenta de que normalmente no ocurren las catástrofes que vaticinamos y de que nos asustamos de nuestro propios miedos. También es importante saber que siempre podemos, cuando menos, cambiar esas situaciones, sentirrnos mejor ante ellas y actuar de manera más satisfactoria para nosotros. Es decir, la esperanza de una situación mejor siempre es positiva.
